Por qué cobramos por brief, no por palabra

Cada trimestre alguien nos pregunta cuánto cobramos por palabra. No tenemos. La respuesta honesta es que la línea más valiosa que hemos escrito para un cliente medía cuatro palabras, y la agencia que cobrara 0,40 € por palabra habría facturado 1,60 € por ella.

La tarifa por palabra se inventó para el periodismo, donde la extensión es un indicador grueso del esfuerzo y donde los editores recortan sin piedad. Sobrevivió en el copywriting por una sola razón — permite a los clientes fingir que saben lo que están comprando. Tres mil palabras a treinta céntimos suena bien en un formulario de compras. El problema es que nadie en la cadena tiene incentivos para acortar.

Cuando ponemos precio a un brief, lo ponemos contra el resultado del que somos responsables. Una landing que cumple su función vale una cifra conocida; la misma página inflada a tres mil palabras vale menos. Así que cobramos por el trabajo, no por la palabra, y acordamos el entregable por escrito antes de empezar. Si con el tiempo somos más rápidas, las horas ahorradas vuelven al siguiente borrador, no a una factura.

Hay una nota pequeña debajo de todo esto. Cuando cobras por brief, tu cliente confía en que recortes. Cuando cobras por palabra, no — y su copy empeora por eso.

Las palabras vienen al final. Lo demás es investigación.

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